veinticinco
Pero mirá si sería diminuta la casa de Teresita que yo, que era muy chica, percibía su pequeñez… mirá si sería… era un mini comedorcito con una cocinita de cuento, dos piecitas, un bañito. Todo era como una muestra de otra cosa más grande, como un esquema. Todo.
La mamá de Teresita era española y cuando la retaba decía muy fuerte ¡¡¡Teresita, qué carajo veintinueve, Teresita!!! A mí me causaba mucha gracia ese reto, tan distinto y distante de los de mi casa… además decía carajo, en casa no se decían malas palabras, solamente alguna de vez en cuando, y yo, cuando imitaba a la mamá de Teresita (que eso hacía reír a mamá y la abuela).
Teresita era hija única, pero a la mamá se le había muerto un bebé, otra nena, antes de tenerla a ella. Esa hija también se había llamado así, Teresita, en diminutivo eh, estaba anotada así, a las dos las habían anotado así. Tere decía mi hermanita cuando hablaba de ella y creía que los bebés nacían por el ombligo, que para eso las personas tenemos, para que por ahí salgan los bebés. Eso le había dicho la mamá a Teresita. Y también que no debía bañarse en esos días y mucho menos lavarse la cabeza.
Yo me acuerdo de que la mamá de Teresita tenía una muñeca con cuerpo de trapo y cabeza de porcelana, ¿te acordás? Nada más que estaba muy vieja ya y tenía muchísimas grietas finitas en la cara, no estaba quebrada, nada más como lastimado el esmalte, la piel del bebé viejo, con ropa que había sido de las Teresitas. Pocas veces la dejaba jugar con esa muñeca y una de esas veces yo estaba y la tuvimos en brazos, pero a mí me daba mucha impresión, parecía… ya sabés, un bebé que no estaba vivo, ¿entendés? Yo la miraba con temor y pensaba en la otra Teresita, pobre, que dónde estaría, que por qué, y sobre todas las cosas, por qué la mamá había repetido el nombre, por qué le dio a la última Teresita esa especie de muerte temprana, una como muertecita de mentira ¿no?, como un aviso, como para que no la olvide, o para sentirla en el lugar de la otra, aunque, todos sabíamos, su carita, su piel de porcelana, sus grietas y su organdí recién lavado.

